Cooperativismo e inclusión financiera

Por muchos años, el acceso a los servicios financieros por parte de los colombianos fue un reto significativo para las autoridades del país, especialmente en las zonas rurales donde abrir una cuenta de ahorros traía consigo enormes esfuerzos logísticos, y el acceso al crédito estaba limitado a aquellos que podían pagar tasas de interés exorbitantes.

Con el advenimiento del internet y soluciones digitales, esta situación cambió radicalmente: la proliferación de corresponsales bancarios en áreas remotas, así como el acceso a productos de depósito con el único requerimiento de tener un teléfono con acceso a internet, sin duda marcó un antes y un después en el acceso a productos financieros que en cualquier economía son el punto de partida para el desarrollo de aspiraciones personales y la creación de empresa.

En 2021 ningún artículo estaría completo sin mencionar el SARS-CoV2, y este caso no es la excepción. La pandemia significó un escenario particular para estos avances. Por un lado, millones de colombianos perdieron su trabajo y tuvieron que acudir a las instituciones financieras a agotar sus ahorros y a negociar sus créditos para poder sobrevivir económicamente. No entraremos a discutir si el sector respondió adecuadamente o no a la crisis; pero lo que sí es cierto, es que el perfil de riesgo de muchas personas aumentó cuando más se necesitaba recurrir a un préstamo, lo que frenó la inercia que se traía y profundizó la desigualdad.

De acuerdo con el reporte de inclusión financiera de la Banca de las Oportunidades y la Superintendencia Financiera para 2020, el 22,2% de los adultos colombianos tenía una tarjeta de crédito y 18,8% un crédito de consumo. Esto supuso un retroceso de casi un punto porcentual para cada indicador respecto al 2019 y palidece frente a indicadores de países desarrollados donde, por ejemplo, la penetración de las tarjetas de crédito entre los adultos supera muchas veces el 50%. Igualmente, el acceso al microcrédito se redujo en 0,6 puntos porcentuales hasta ubicarse en el 6,5%. En general, el número de créditos desembolsados provenientes del sector financiero (normalizado por cada 100.000 adultos) se redujo en todas las modalidades.

Esto afectó particularmente a las mujeres. La brecha de género en ingresos ha hecho que históricamente sea más difícil para una mujer acceder a créditos de alta cuantía. Según un informe de DataCrédito Experian (2021) las mujeres representan el 71,3% de los créditos desembolsados entre 0 y $500.000; sin embargo, para créditos de más de $50 millones, la participación se reduce a 41%. Así las cosas puede que, en un esquema general de las cosas, las mujeres tengan una mayor tasa de desembolso, pero al analizar el monto total, este favorece ampliamente a los hombres.

Esto es producto de una mayor percepción de riesgo por parte de las instituciones financieras hacia las mujeres. Cálculos del Banco de la República indician que la tasa de interés promedio ponderada por saldo de capital es y ha sido estructuralmente más alta para las mujeres, sin importar la categoría del crédito. Para el emisor, esta percepción es paradójica si se calculan indicadores de riesgo estándar en la industria, como el índice de calidad de riesgo o el índice de calidad de mora. En ellos, los hombres salen peor librados que las mujeres en todas las modalidades de crédito, lo que presupone una mayor probabilidad de ser “mala paga”.

Es allí donde las cooperativas de ahorro y crédito, multiactivas, o las integrales con sección financiera juegan un papel fundamental para nivelar la balanza, en especial en tiempos de necesidad. Confecoop, el gremio que agrupa las cooperativas del país, reportó que al segundo semestre de 2021 el saldo de los créditos otorgados por el sector solidario con actividad financiera ascendió un 7,35% anual, impulsado principalmente por el crecimiento en los créditos de consumo (7,42%), que representan el 67,5% del valor desembolsado total.

La naturaleza de estas cooperativas es lograr una relación más íntima con el deudor o ahorrador, y evaluarlo más allá de los prejuicios y las frías metodologías de los grandes bancos que tratan de medir con la misma vara a todos sus clientes.

Esto es particularmente cierto cuando las cooperativas nacen al interior de las empresas. Allí el conocimiento del empleado es mucho más extenso, por lo que las posibilidades de acceder a un producto financiero se multiplican exponencialmente, lo que evita que salga en búsqueda de opciones que son realmente dañinas para las finanzas personales de cualquier individuo.

T&S Temservice ha sido parte activa de este apoyo y ha promovido ampliamente servicios cooperativos que beneficien no solo a los empleados de planta, sino a los que se encuentran en misión y a sus familias. En palabras de Jaime González, líder de esta iniciativa en la compañía: “La cooperativa nació con el objetivo de ser un apoyo adicional a los trabajadores, ayudarlos económicamente para que no utilicen modelos como el llamado gota a gota, estimular la conciencia del ahorro, y poder ser partícipes de sus desarrollos sociales y el de sus familias”. Es así como hemos implementado opciones como créditos digitales, el cual puede ser aprovechado por el empleado desde el primer día de su contratación, incluso si está en misión.

No cabe duda de que este esfuerzo será un catalizador para que personas (especialmente entre las mujeres y las minorías) puedan satisfacer sus necesidades de consumo o el emprendimiento de proyectos productivos, sobre todo en situaciones en los que los canales financieros tradicionales no son una opción.

Estamos comprometidos para seguir trabajando para que nuestros empleados, bancarizados o no, puedan tener una inclusión financiera y social, así como acceso a servicios esenciales como la educación o la salud. Este es nuestro grano de arena para que el cooperativismo se convierta en el motor para construir colectivamente el emprendimiento y el desarrollo social y económico de Colombia.



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